lunes, 21 de mayo de 2018

El Escorial 2º Parte

¿Qué hacía aquel cuadro allí?
¿Pues no se encontraba expuesto en el Museo Nacional Del Prado?
Anna se inquieta al no estar segura de lo que estaba viendo, pero, si, estaba segura porque   lo estaba contemplando,  ante ella se encontraba el tríptico Del Bosco.
La  tabla representaba  el tercer día de la creación como el mismo artista imaginó ¿Serían tal vez dos almas gemelas Felipe II Y ÉL? Porque al parecer  parecían encontrarse  unidos por un débil cordón que no era otra cosa que la del deseo de encontrar algo que no se pudiera ver ni tocar, para que los liberara de la muerte.  Entonces dedujo, que El Bosco antes de pintar el cuadro que le daría su mayor fama, debió  cambiar repentinamente su forma de ver las cosas y,  como un poseso, comenzó de manera convulsiva a adquirir reliquias de Santos llegando a acaparar todas las que estaban a su alcance, este hecho le hizo aún más especial, tanto, que cuando comenzó a pintar el cuadro de El Jardín de Las Delicias, no solo siente que se recrea en la pintura, si, no, que vuelca en estas  tablas toda su imaginación de hombre insatisfecho y,  de anhelos frustrados que al mezclarlos con los sentimientos encontrados que le hacían sufrir enormemente, entonces le invadía un miedo que  le hace adentrarse en los demonios de la noche llegándole a producirle un gran temor ante la vida y, también ante la muerte, no dejándolo sosegar  ni por un momento este  atormento que le producía  este terror, pero, a pesar de tanto desasosiego continuó investigando en lo más profundo de su ser y, no dudó en cuanto tuvo la oportunidad de introducirse en el oscuro y misterioso mundo de la alquimia.
Anna ya no creía estar viendo aquel cuadro igual  que cualquier turista, lo que veía era lo que  estaba analizando en su mente, haciéndose participe de la vida que vivió aquel pintor, pues  era semejante a la suya, hasta qué un día amargo decidió vivir en aquella casa, desde entonces su vida comenzó a  encontrarse aún más llena de contradicciones.
El Bosco—sigue Anna con sus elucubraciones—era un ser raro donde los haya, se hizo construir un laboratorio destinado a  fabricar oro con productos químicos que nunca se llegó a saber si lo pudo conseguir.
Mientras pintaba en la soledad de su estudio, solía dar rienda suelta a su fantástica imaginación, hasta tal punto que cuando llegaba a lo más álgido de su creación pensaba en el Monasterio del Escorial, también en su construcción que para el ese enclave  pertenecía a otra dimensión, solo por encontrarse enclavada en una tierra de secretos geográficos, en el cual después de haber hecho algunas investigaciones junto con  algunas que otras  cábalas sobre  esta parcela, sacó la conclusión de que ese Monasterio se había ubicado en la misma puerta del infierno. Significándolo de manera especial en su cuadro mostrando con su pintura que aquel lugar guardaba en sus entrañas el fuego eterno del infierno donde las almas pecadoras arden para toda la eternidad.
El pintor, según imaginaba Anna, no parecía dejar de hacer sus elucubraciones sobre este enigmático y grandioso monumento arquitectónico, pues  después de hacer  muchas y especiales pesquisas, llegó a saber  que esta construcción  había coincidido “casualmente” justo con la destrucción del Templo de Salomón, el Templo más sagrado de la cristiandad.
En esos momentos  el grupo de turistas, en el cual se incluía ella,  es guiado hacia otra galería, de repente el ambiente en aquella parte del Monasterio se estaba haciendo insoportable, se notaba algo enrarecido, intranquilizante, pero, era solo para Anna, y para algunos de los turistas más sensibles  como ella.
Entonces Anna se rezagó del grupo para observar por unos momentos  los muchos vanos que se prodigan en las paredes del recinto, uno de ellos al paso de Anna y de improviso se abre, Anna se queda varada ante esta visión, algunos turistas se acercan a ella, de pronto por aquel hueco que  interrumpía  con brusquedad el muro, se abre una oquedad que da paso a un túnel oscuro y lúgubre por donde salían unos escalofriantes ladridos  de un perro, que paulatinamente  iban convirtiendo en aullidos lastimosos.
 Ante  estos sonidos los turistas corren espantados refugiándose en una de las estancias que también se encontraba en penumbra, de pronto de las paredes de aquella estancia comenzó a emanar un hedor intenso a cianuro, todos aterrados retroceden, no querían permanecer ni un minuto más en aquel lugar, pero de repente la sala se convirtió en un pasadizo por donde los aullidos de aquel perro se hacían más y más audibles.
Alguien con una voz que parecía salir de ultratumba, dijo en voz alta, salgamos de aquí, mientras su cuerpo se agitaba, de su boca empezaron a salir sonidos que intentaba parecieran palabras.
En medio de aquella delirante situación, se pudo oír una voz ronca cómo un trueno que-informó-- el ruido que estamos escuchando no es casual es el que hace el Cancerbero; el monstruo maldito que protege el Averno.
Entonces un enorme animal peludo asomó por uno de los vados cabeceando su testuz, mientras enseñaba los colmillos grandes y afilados.
De repente ante los asustados turistas  apareció un hombre que con su enorme cuerpo tapa la puerta de salida, estaba vestido de negro, tan solo miraba sin decir  nada.
Sin duda, los que allí se encontraban pensaron que estaban viviendo una pesadilla, entonces Anna quiso creer que quizás El Bosco el propio Bosco vivió en sus propias carnes  un suplicio similar, el cual le inspiró a que pintara en el cuadro algo de sus inquietudes haciendo impregnar en él   situaciones de terror que supo unir magistralmente con su magnetismo a las imágenes desinhibidas que pintó  con respecto al sexo.
¿Qué hacía aquel cuadro allí?
¿Pues no se encontraba expuesto en el Museo Nacional Del Prado?
Anna se inquieta al no estar segura de lo que estaba viendo, pero, si, estaba segura porque   lo estaba contemplando,  ante ella se encontraba el tríptico Del Bosco.
La  tabla representaba  el tercer día de la creación como el mismo artista imaginó ¿Serían tal vez dos almas gemelas Felipe II Y ÉL? Porque al parecer  parecían encontrarse  unidos por un débil cordón que no era otra cosa que la del deseo de encontrar algo que no se pudiera ver ni tocar, para que los liberara de la muerte.  Entonces dedujo, que El Bosco antes de pintar el cuadro que le daría su mayor fama, debió  cambiar repentinamente su forma de ver las cosas y,  como un poseso, comenzó de manera convulsiva a adquirir reliquias de Santos llegando a acaparar todas las que estaban a su alcance, este hecho le hizo aún más especial, tanto, que cuando comenzó a pintar el cuadro de El Jardín de Las Delicias, no solo siente que se recrea en la pintura, si, no, que vuelca en estas  tablas toda su imaginación de hombre insatisfecho y,  de anhelos frustrados que al mezclarlos con los sentimientos encontrados que le hacían sufrir enormemente, entonces le invadía un miedo que  le hace adentrarse en los demonios de la noche llegándole a producirle un gran temor ante la vida y, también ante la muerte, no dejándolo sosegar  ni por un momento este  atormento que le producía  este terror, pero, a pesar de tanto desasosiego continuó investigando en lo más profundo de su ser y, no dudó en cuanto tuvo la oportunidad de introducirse en el oscuro y misterioso mundo de la alquimia.
Anna ya no creía estar viendo aquel cuadro igual  que cualquier turista, lo que veía era lo que  estaba analizando en su mente, haciéndose participe de la vida que vivió aquel pintor, pues  era semejante a la suya, hasta qué un día amargo decidió vivir en aquella casa, desde entonces su vida comenzó a  encontrarse aún más llena de contradicciones.
El Bosco—sigue Anna con sus elucubraciones—era un ser raro donde los haya, se hizo construir un laboratorio destinado a  fabricar oro con productos químicos que nunca se llegó a saber si lo pudo conseguir.
Mientras pintaba en la soledad de su estudio, solía dar rienda suelta a su fantástica imaginación, hasta tal punto que cuando llegaba a lo más álgido de su creación pensaba en el Monasterio del Escorial, también en su construcción que para el ese enclave  pertenecía a otra dimensión, solo por encontrarse enclavada en una tierra de secretos geográficos, en el cual después de haber hecho algunas investigaciones junto con  algunas que otras  cábalas sobre  esta parcela, sacó la conclusión de que ese Monasterio se había ubicado en la misma puerta del infierno. Significándolo de manera especial en su cuadro mostrando con su pintura que aquel lugar guardaba en sus entrañas el fuego eterno del infierno donde las almas pecadoras arden para toda la eternidad.
El pintor, según imaginaba Anna, no parecía dejar de hacer sus elucubraciones sobre este enigmático y grandioso monumento arquitectónico, pues  después de hacer  muchas y especiales pesquisas, llegó a saber  que esta construcción  había coincidido “casualmente” justo con la destrucción del Templo de Salomón, el Templo más sagrado de la cristiandad.
En esos momentos  el grupo de turistas, en el cual se incluía ella,  es guiado hacia otra galería, de repente el ambiente en aquella parte del Monasterio se estaba haciendo insoportable, se notaba algo enrarecido, intranquilizante, pero, era solo para Anna, y para algunos de los turistas más sensibles  como ella.
Entonces Anna se rezagó del grupo para observar por unos momentos  los muchos vanos que se prodigan en las paredes del recinto, uno de ellos al paso de Anna y de improviso se abre, Anna se queda varada ante esta visión, algunos turistas se acercan a ella, de pronto por aquel hueco que  interrumpía  con brusquedad el muro, se abre una oquedad que da paso a un túnel oscuro y lúgubre por donde salían unos escalofriantes ladridos  de un perro, que paulatinamente  iban convirtiendo en aullidos lastimosos.
 Ante  estos sonidos los turistas corren espantados refugiándose en una de las estancias que también se encontraba en penumbra, de pronto de las paredes de aquella estancia comenzó a emanar un hedor intenso a cianuro, todos aterrados retroceden, no querían permanecer ni un minuto más en aquel lugar, pero de repente la sala se convirtió en un pasadizo por donde los aullidos de aquel perro se hacían más y más audibles.
Alguien con una voz que parecía salir de ultratumba, dijo en voz alta, salgamos de aquí, mientras su cuerpo se agitaba, de su boca empezaron a salir sonidos que intentaba parecieran palabras.
En medio de aquella delirante situación, se pudo oír una voz ronca cómo un trueno que-informó-- el ruido que estamos escuchando no es casual es el que hace el Cancerbero; el monstruo maldito que protege el Averno.
Entonces un enorme animal peludo asomó por uno de los vados cabeceando su testuz, mientras enseñaba los colmillos grandes y afilados.
De repente ante los asustados turistas  apareció un hombre que con su enorme cuerpo tapa la puerta de salida, estaba vestido de negro, tan solo miraba sin decir  nada.
Sin duda, los que allí se encontraban pensaron que estaban viviendo una pesadilla, entonces Anna quiso creer que quizás El Bosco el propio Bosco vivió en sus propias carnes  un suplicio similar, el cual le inspiró a que pintara en el cuadro algo de sus inquietudes haciendo impregnar en él   situaciones de terror que supo unir magistralmente con su magnetismo a las imágenes desinhibidas que pintó  con respecto al sexo.
 ¿Acaso estaba mandando un mensaje donde el desenfreno no lleva a nada bueno?
 ¿Y por qué esa obsesión con el infierno?








lunes, 14 de mayo de 2018

el escorial 1º parte

Anna es una de esas jóvenes de mundo adentro, esquiva, daba la sensación al mirarla que era de las que parecía feliz con su aislamiento. En la habitación de su casa donde vivía  no hacía mucho tiempo, en ella  parecía encontrarse feliz, a pesar de ser una casa muy singular pues cada noche en la oscuridad, Anna escuchaba pasos lentos y ladridos de un Can, ella  ignoraba si allí anidaba una maldición o no, pero lo cierto es que en esta parecían morar seres de otra dimensión, que hacía que  todos sus  recuerdos nefastos  parecían diluirse.
 Cuando decidió vivir en aquella casa en soledad, fue con la intención de ir en busca de un sueño, un sueño tan extraño que supo nunca había soñado, pero que hizo cambiar sus esquemas, todo  sucedió después de leer una crónica que hablaba del pintor llamado El Bosco. Un pintor que desde el primer momento que supo de su existencia le fascinó. Las paredes de la casa  que eligió Anna  para vivir las habitaciones eran oscuras debido a esa humedad perenne que se encuentra en sus deterioradas paredes, haciendo que el encalado parezca de un color  grisáceo lo cual con su opacidad puede servir hábilmente para esconder la historia  de  un pasado que no le interesa revelar. Tal vez fuera porque en ella se encontraba un misterio tenebroso.
Anna desde que decidió instalarse allí, dejó de tener contacto con las amistades que solía frecuentar, pero eso no parecía importarle, pues no quería saber nada de lo que estuviera unido a la relación con personas.
 Aquel paraje  era ideal  para su aislamiento. Se encontraba situada en las afueras de la capital madrileña y en medio de la soledad del campo, no era precisamente un lujoso Cigarral dónde los más pudientes suelen retirarse los fines de semana para descansar de su ajetreada vida en sociedad, no, no era un lugar idílico, pero sí podía presumir de un privilegiado enclave que para ella tenía una peculiaridad muy especial,  y, es que, desde su ventana se podía contemplar el majestuoso Monasterio San Lorenzo Del Escorial, dónde desde cada lunes y, desde el día en que se instaló en aquella casa,  cómo si se hubiera marcado un ritual, a las diez de la mañana acudía  a visitar el Escorial .
  Antes de entrar en el Monasterio, contemplaba por unos minutos la oscura fachada del edificio, intrigándole el motivo de su atracción; a veces, y en un acto de rebeldía, burlaba a los vigilantes para  entrar a horas intempestivas que era lo que más le atraía, pero, lo normal era de que tenía que conformarse con visitarlo por la mañana, jugando cada día a no ser sorprendida por los porteros, cuando al entrar como cualquier turista  se adentraba por otros  pasillos diferentes al recorrido habitual, entonces se adentraba por estrechos y laberínticos pasillos que se encontraban poco transitados hasta llegar a uno de los claustros, dónde sin comprender el motivo una vez se encontraba dentro de aquellos muros sentía sensaciones especiales. ¿Sería por encontrarse en aquel mágico lugar? O, que al tener contacto con aquella atmósfera creía verse envuelto en un microcosmos que le hacía olvidar hasta su nombre.
Sabía que cuando se encontraba dentro de aquel edificio, a cada paso que daba por los pasillos era como si algo sobrenatural le guiase, quizás   un guía invisible que le quisiera demostrar que dentro de aquel recinto se encontraba oculto, algo especial  embutido dentro de esas paredes. Para ella  solo era un magnetismo que no sabía cómo explicar
 ¿Sería acaso ese  el  lugar llamado Ciudad de Dios?
 Pues sin dudas  era notorio, y por todos conocidos de que la ubicación del Monasterio,  era un lugar especial por encontrarse el centro del conocimiento, no solo de libros pinturas y reliquias que allí se guardan, si, no, en el diseño especial de una arquitectura que sin duda, para los creyentes  era sagrada.
Anna, sabía  que cada vez que hacía esa visita, intuía más que  imaginarse que algo extraño pasaba en ese grandioso edificio, pues supo que antes de su construcción alguien poderoso fue el que hizo la  sugerencia de que éste debía ser su  enclave, siendo desde siempre un  oculto proyecto soñado, por lo tanto  tenía que ser  ubicado sin remisión en aquella parcela, la cual era muy curioso –según Anna--pues desde siempre este terreno había sido clasificado “No acto para la construcción” guardándose este detalle con total secretismo, hasta que un día de repente se empezó la construcción, interviniendo   en aquel  el proceso prestigiosos magos y cabalistas de la época, incorporando logias secretas donde se podría practicar—una vez terminado el edificio, entre otras muchas, la filosofía hermética, dando así  por sentado que eran ciertos los rumores de que era un punto  geográfico  especial para el  enclave de un edificio singular.
Anna con su costumbre de cada día y, después de unos momentos de reflexión abandonaba del claustro de sus desvelos, y se unía a un grupo de turistas que, cómo un rebaño de ovejas arrastraban sus pies por las galerías con las orejas bien abiertas, para escuchar sin llegar al alcance de que el suelo que se encontraban pisando podía ser sagrado.
La mayor atracción e interés  que suscitaba era el de que allí se ocultan símbolos de  misterios, que se pueden encontrar  ocultas en sus pétreas paredes y,  que, al mismo tiempo, en su inmovilidad  parecen palpitar. Los turistas que lo visitaban, quieren  saberlo todo, pues es sin duda  uno de los requerimientos de sus visitantes.
 Para Anna sin embargo, sus visitas tenían otra intención, que era el de quitarse de la cabeza una obsesión que necesitaba   para  reconciliarse con la vida cotidiana.
Era un grupo de turistas en el que uno de esos días de visita habituales de Anna ella  se incluyó, a requerimiento del guía, hacen una parada ante un tríptico, Anna mira la tabla, de repente su semblante cambió. Ante ella cómo una alucinación apareció El Jardín de las Delicias, ante esta inesperada aparición, se queda muda, siempre supo que le atrajo su obra  por ser un pintor extraño. Pero Anna llegó a dudar, era raro, de que ese cuadro se encontrase en un sitio sagrado. A sabiendas de que este pintor era  contrario a la religión católica, hasta donde pudo saber Anna, El Bosco había pertenecido a una sociedad secreta llamados (Los Adomitas) los cuales, tenían la peculiaridad de rezar desnudos  mientras creían esperar el fin del mundo.

También se sabía que hubo rumores de que este pintor estaba  obsesionado con la muerte al igual que Felipe II.




lunes, 7 de mayo de 2018

El Tridente final

Pero algo sucedió, que no fue obedecido su mandato, pues Anfitrite, mujer astuta, como ninguna, buscó la amistad de las sirenas para apoderarse de sus voluntades, intentando ejercer para ellas el poder de reina consorte, pero antes, quiso hablar con las olas, y de esa manera abortó el mandato de anegar las playas cómo había ordenado Poseidón. Pero para una mujer despreciada como lo era Anfitrite no era suficiente,  necesitaba  algo grandioso para que pudiera hacerse efectiva toda su venganza y, fue en busca  de  las sirenas para contarles su desdicha,  pero las encontró tan  desenfadas que  no la escucharon, diciéndole, que habían decidido no estar bajo el mandato de la esposa de Poseidón. En esos momentos  se encontraban muy  entretenidas tendidas al sol en lo alto de los acantilados entonando sus cánticos para atraer con ellos a los desdichados  marineros que pasaban por allí deseosos de fiesta.
Entonces Anfitrite al no ser escuchada por las sirenas montó en cólera, pues ella también ostentaba  cómo Poseidón el título de reina de los mares y de los ríos. Desesperada y, cómo último recurso, decidió cruzar en una barca el río Styx en solitario, desafiando el poder de Poseidón, salió a plena luz del día  en  busca del cancerbero, el horrible  perro de tres cabezas, que al verla llegar a sus dominios, se relamió, pues era la presa más codiciada que siempre había ambicionado poseer, sabía de antemano qué teniéndola en su poder  hasta podía llegar a tener el dominio de  la grandiosidad de los mares y los ríos. Todo este sueño –pensó-- se podía hacer  realidad desde el primer momento en que Anfitrite se encontrara bajo su poder, pues haría realidad, lo que siempre tuvo en su pensamiento. Enloquecido comenzó a hacer planes, lo primero que haría sería transformar los ríos en trampas mortales, no pudiéndose navegar por ellos, ni siquiera  con pequeñas barcas por su superficie, los ríos a su vez serían poblados con animales carroñeros, cocodrilos…los pescadores al no encontrar peces comestibles tendrían que tirar sus cañas a la basura.
Ante este pensamiento me estremezco. Pero porqué pensaba esas cosas y, sobre todo, sabiendo que el protagonista de su desasosiego solo era un personaje mitológico.
Algo interrumpió mis pensamientos, las patrulleras con sus sirenas se adentraban en la mar a toda velocidad, un barco se estaba hundiendo con sus 200 tripulantes a bordo.
Esta noticia me inquieta, pero al intentar caminar, siento que mis pies y piernas siguen hundidos atrapados hasta las rodillas en la arena. El cosquilleo de una encrespada  ola osa en mojar  mi torso, entonces  siénto que me da la libertad.
En aquellos momentos y, sin motivo aparente, al verme libre, emprendo hacia mi casa una alocada carrera, desconocía qué era lo que me inquietaba, antes de llegar al puente de los vientos, que separa el mar de la población hago una pausa en la  carrera, entonces supe de que el río que cruzaba la ciudad se había desbordado, me quedo parada sin saber que pensar, oigo cómo unos jóvenes al pasar por mi lado hacen un comentario estremecedor, el más joven decía con voz alterada, desde luego  ha pasado algo muy extraño, el río se ha desbordado sin que callera una sola gota de agua del cielo.
Entonces  algo que pasó por mi cabeza hizo que me quedara paralizada ¿Qué me estaba pasando?
De repente por el puente comenzó a pasar un ejército de mujeres que enarbolaban banderines, que me hizo pensar, que podían ser  las mismas de la formación que había visto minutos antes emerger del mar, pero, algo no encajaba, habían cambiado las alas de acero por  banderines, no supe qué pensar, necesitaba despejar la cabeza, entonces me dirijo al parque, me siento en un banco porque  una presión muy fuerte me oprime el pecho.
No me confortaba nada, entonces pude oír una voz de mujer que me decía entre susurros.
Ten siempre presente que ningún hombre por poderoso que sea, puede quitar a una mujer la fuerza, ni tampoco interceptar ninguna ejecución de creatividad que pueda haber en ella ni en cualquiera de las obras que desee realizar, sí, no temas soy Anfitrite la legítima mujer de Poseidón, no debes inquietarte, tu casa no ha sido afectada por la riada, tan poco he dañado el resto de la población, tan  sólo ha sido un pulso que le he hecho a mi esposo.
Poco después y, cuando cabizbaja me dispongo a ir a mi casa, lo que vi, hizo que de repente se me quitase la melancolía, allí estaba ante mí el problema que me aquejaba, el que, en unos días se iba a desposar conmigo se besaba con ardor en una esquina con mi jefa de gabinete.
  Entonces supe qué Anfitrite, sintió compasión de mí, uniendo su  venganza a la mía una venganza que anidó en ella cuando se vio despreciada haciéndose participe de la mía, haciéndome sabedora a su manera del peligro que me acechaba al casarme con un hombre que no sentía amor por mí.  Pero para ella no fue del todo afortunada pues su desamor le   convirtió  en un ser como a cualquier  mortal, quedando presa para siempre de su propio odio.
¿Y si lo que viví en la playa sólo fue, la advertencia de una mujer despechada como lo fue Anfitrite?
A veces y, sin darnos cuenta, la mitología nos advierte de los muchos peligros que nos acechan haciéndonos pasar por etapas de experimentación que sin apenas ser perceptible para nosotros los mortales,  nos cuentan con estos relatos que siempre  hemos  estado en contacto con eso que llamamos fenómenos, paranormales que al estar fuera de lo cotidiano los dejamos pasar.

Aunque a veces no  creamos en estos fenómenos,  a la mujer siempre nos guste coquetear, jugar a  saber quién puede más...






martes, 1 de mayo de 2018

El Tridente 2º Parte

cabeza parecía dar vueltas, era como si estuviera metida, o más bien viviendo en directo y de lleno  en una historia que se me antojaba rara, casi inimaginable, entonces, sin apenas darme cuenta ante mí y con estupor mis ojos se abrieron desmesuradamente pues apareció de la nada  un ser grande, poderoso, yo encogí mi cuerpo, me encontraba asustada, una ola como una lengua cálida y espumosa lamió mis pies descalzos,  entonces al reaccionar  descubrí que  era Poseidón, el rey del mar, que, emergía de las profundidades buscando a su esposa la bella Anfitrite, parecía furioso, pues decía a voces que  no sabía nada de ella desde que se alejó de su lado, contándole la historia de que debía emerger  hasta  la superficie porque necesitaba jugar  con sus hermanas  las Nereidas en la isla de Naxo.
Yo ni siquiera sabía por qué me encontraba allí admirando aquel insólito espectáculo, ni tampoco como pude saber que era Poseidón el que se encontraba ante mí, siempre supe por la mitología de que estuvo enamorado de su esposa y, que, nada más verla por primera vez, cayó rendido a sus encantos,  de ese modo sin pensarlo se desposó con ella convirtiéndola  en reina del mar y de los ríos.
Mi cabeza seguía girando sin un segundo de tregua imaginando cosas extrañas.
 ¿Sería la consecuencia del estrés vivido durante la última semana?
 Todo era tan absurdo, ¿Desde cuándo y cómo supe yo qué Poseidón  había dejado de amar a su esposa? Pero si pude apreciar por la furia que desprendían los ojos de Poseidón, que no eran de un ser enamorado, la buscaban, eso sí, cómo un esposo que se sabe traicionado y despechado, todo comenzó  desde el momento en que supo  qué  Anfitrite se había alejado de él enterada de su desamor. Más tarde, Anfitrite al saber que estaba siendo perseguida por su esposo, con gran tristeza pero airada se encaminó en pos de una maga, para que pusiera solución a su problema, no tardó mucho en  encontrarla, entonces después de contarle su aflicción le pidió que hiciera algo que fuera efectivo para su propósito y, sin  pensar las consecuencias, se hizo de una hierba  mágica, que, arrojó en el manantial donde cada día solía bañarse la ninfa favorita de Poseidón, que era la causante de su desesperación.
 A la mañana siguiente, al sumergir la Ninfa su cuerpo en el agua de la fuente dónde había echado Anfitrite la hierba mágica; la bella ninfa, se transformó en un horrible monstruo, que al verse reflejada en las aguas de la fuente, hizo que corriera de espanto hacia el mar para quedarse para siempre en el fondo, donde nadie la pudiera encontrar.
Pero el enfado de Poseidón se acrecentó aún más al saber lo que había sido de su Ninfa y,  qué los hijos que tuvo con Anfitrite, se habían confabulado con su madre al inculcarle ésta, un  odio feroz  hacia él. Poseidón, ante esta situación montó en cólera, encontrándose poco después en un estado de frenético delirio, no obstante  entró en el barco para buscarla, no la encontró, la nave se encontraba vacía, entonces y, ante este inesperado desaire del  que creyó había sido objeto por parte  de la que aún era su esposa; dio de nuevo rienda suelta a su  ira que se acentuó, hasta el punto que hizo que se produjera una erupción de agua tan grande utilizando su tridente, que  los vientos empezaron a ulular  creándose  de esa manera  las tempestades.
Yo, ante esta visión increíble no podía moverme, mis piernas y los pies se habían clavado en la arena dejándome inmovilizada, entonces fue cuando descubrí que Poseidón fue el primer dios, según los griegos,  él sólo con su fuerza  podía dominar el mar. Pero con todo el  poder que poseía  no llegó a pensar  que había engendrado dos hijos tan crueles cómo él.
Entonces yo, al contemplarlo sentado en el suelo junto a proa y cómo bañaba  sus pies en el mar, me hizo pensar que aquel gigante se había calmado y, fue cuando vi  tranquilizadora  cómo acariciaba con la punta de sus dedos las apacibles aguas; entonces, y de momento todo cambió pues pasó algo que jamás podré olvidar, del mar empezaron a salir monstruos de todos los tamaños, que Poseidón conforme estos iban saliendo a la superficie cómo si de un niño pequeño sé tratara, comenzó a jugar con su tridente, los  pinchaba uno a uno, para poco después  devolverlos al mar maltrechos.
Horrorizada, seguí mirando desde mi atalaya,  parecía que su ira iba en aumento de nuevo y, que ante su desbordante enojo, confundido, quizás no supo diferenciar a los monstruos cuando estos salían del mar, creándole la dudaba  de, que tal vez, se regocijaba el pensar de que  entre los que había pinchado con su tridente, pudiera encontrarse Anfitrite.

 Entonces ordenó a las olas que anegaran todas las playas hasta no quedar nadie vivo en ellas. 








domingo, 22 de abril de 2018

El tridente (1ª Parte)

Aquel día me encontraba cabizbaja, paseando mi melancolía me llevó hasta la playa, cuando indolente me encontraba mirando al mar, de pronto despertó mi curiosidad cuando ante mi  pude divisar una nave que me pareció por su magnitud  era impresionante, se encontraba  arboleada en toda su superficie cerca de la playa, pero a pesar de todo  desde donde me encontraba me pareció difícil precisar la envergadura de aquel barco.
Yo desde la orilla calculé que al ser tan grande debía tener al menos unos veintidós remeros para moverla. Después de hacer un somero análisis, me hizo creer por su aspecto exterior que parecía moderna, pues desde la supuesta lejanía se podía apreciar que disponía de una peculiaridad muy especial en esa clase de embarcaciones, cómo era, la de disponer de un timón lateral que se encontraba situado a la derecha de la marcha.
Me asusto, al pensar, en qué me basaba al hacer  esa descripción tan exacta y con tantos detalles si nunca fui marino, ¿Estaría acaso viviendo un fenómeno complejo de los que suelen llamarse mundos paralelos?
Intento despejar mi cabeza, cuando…
En unos minutos creí percibir que el barco clavara el ancla en la arena,  me puse nerviosa y, pensé, pronto toda aquella tripulación invadiría la playa y no me dejaría disfrutar de mi soledad.
De pronto inesperadamente, se levantó una terrible tempestad, las olas llegaron a alcanzar hasta los nueve metros, esta virulencia me lleno de  asombro pues este fenómeno no llegaba a la orilla,  sólo estaba ocurriendo dentro del mar, haciendo con aquel repentino  tifón acuático zozobrara la nave, en mi observación vacilante tampoco acababa de entender, como me llamó la atención ver al capitán moverse con soltura por la cubierta ante este imprevisto cambio de tiempo, porque dirigiéndose a la cabina de mando con gran destreza hizo un viraje de timón, que al ser tan brusco en su balanceo casi se da de bruces con otra de las  embarcaciones que se encontraba parada  con los motores a medio gas muy cerca de ella.
Todo me pareció irreal pues esta nave me sorprendió por haber surgido de la nada en mi horizonte, después de superada la sorpresa de su aparición, me gustó, pues poseía  un aspecto sencillo y, a mi parecer elegante, sus velas parecían darle la autonomía suficiente como para poder alcanzar gran velocidad en el caso de que fuera atacada por algún barco corsario.
De pronto en la cubierta de uno de los barcos hizo su aparición una figura de mujer frágil pero  ágil, que dando un salto desde la borda, se sumergió en las aguas hasta llegar a cubrirle la cabeza, yo desde la orilla, sigo cada vez con  más interés y escepticismo  todo lo que pasaba en aquellos dos barcos.
Entonces y sin saber que estaba sucediendo aumento mi curiosidad, pues me estaba viendo envuelta en una especie de locura que supuse debía ser transitorio, porque, de nuevo ante mis ojos asombrados, las aguas del mar se volvieron transparentes, tanto, que  hasta se podía  ver el fondo del mar con sus peces nadando con total nitidez.

Los marineros del barco de la gran vela, ante este fenómeno, comenzaron a correr despavoridos por la cubierta. Y cuando implorante levanté mis ojos al cielo pidiendo una explicación de lo que estaba sucediendo, bajé la vista hacia la arena y, al levantarla pues me encontraba desorientada, de nuevo atónita, presencié como del fondo del mar, empezó a emerger una legión que más que piratas de mar parecían fantasmas, pues se encontraban pertrechados con una vestimenta extraña, pegado a sus costados tenían alas de acero, que al recibir los rayos del sol relucían desprendiendo destellos tan brillantes que, cegó a los marineros que se encontraban en la cubierta de la nave, obligándole con su claridad cegadora a quedar  pegados en la cubierta cómo si fueran estatuas.






lunes, 16 de abril de 2018

La pensión Final

 Anna, expectante ve cómo la puerta al abrirse da paso a  la señora elegante que vio en el fondo del pasillo, que pisando segura avanza hacia ella, Anna cuando mira su cara da un respingo, aquella mujer parecía tener la cara desfigurada a pesar de estar parcialmente tapada por una gruesa capa de maquillaje, sus ojos parecían dos bolas de fuego como las que lucen las alimañas en la oscuridad del campo. Anna  no puede moverse ante esta aparición, se encuentra paralizada como si algo sobrenatural pusiera a su alrededor un  muro insondable que le aprisionaba.
La mujer, se acerca hasta casi rozar su cara, Anna no puede mover un solo músculo, en su estado de terror, no se percata que la mujer saca de debajo de su chal una daga, que con destreza se la pone junto a la garganta con intención de degollarla; una mano certera le sujeta la mano con firmeza haciendo sentir un dolor tremendo a la mujer, Anna en esos momentos no parece sentir su cuerpo, mientras la habitación empezaba a llenarse de policías.
Anna sentada encima de la cama, siente que su cabeza se había trastornado, cuando nota cómo sus piernas se humedecen lentamente con un reguero gelatinoso y frío que la van mojando cada vez más. De repente da un salto, el colchón  se encontraba  empapado de sangre, se tapa la boca con las dos manos para no gritar, en aquella habitación se había cometido un crimen, y en aquella misma cama…quizás era el mismo cadáver que vio cómo lo bajaban dos hombres cuando ella  llegó.
 Entonces creyó ver que dos de los policías que se encontraban más cerca de ella hablaban de una manera ininteligible para ella, y sin saber el motivo, Anna comenzó a reír de manera convulsiva, llegando los policías  a temer por su estado mental. Cuando más tarde se encontraba  calmada –dijo—ustedes creen que pueden urdir porque sí, algo tan grotesco—no me miren así—Anna acusaba directamente a los policías--como han podido urdir esta trama para que me hiciera amiga de una desconocida, aunque bien pensado, eso se llama llanamente echar las redes, y yo, como tonta, huyendo de mi soledad  caí en esa red como cae una trucha en el anzuelo. ¿O tal vez  se dieron cuenta de mi vulnerabilidad para tomarme como cebo?  Pues ignoraba que mi desengaño pudiera llamar tanto la atención, hasta el extremo de poner mi vida en peligro?
Anna dejó de hablar unos instantes, indudablemente estaba portándose como una imbécil, aunque pensándolo bien creyó que era lo que había sido toda la vida.
Una vez en su casa cacereña, sentada en el sofá, se encontraba más sosegada y,  recuerda aquel día que quizás, por el capricho del destino, había sido elegida para desenmascarar a uno de los cerebros más perverso que operaba en Madrid desde hacía un par de años y que llevaba de cabeza a la policía. ¿Pero…entonces qué clase de cerebros perversos fueron  los que la involucraron a ella en semejante misión?
 Sonríe con desgana, y recuerda que siempre fue una mujer de una naturaleza tranquila.  ¿Quién fue el que le tendió la trampa haciendo posible que un encuentro fortuito se convirtiera en amistad?
Anna se levanta pasea por su salón, ahora recordaba que nadie le había comentado que le sucedió a  su “amiga” Rebeca, pero… ¿Habría existido alguna vez? Lo que si supo Anna es que nunca más volvió a saber de ella.
Anna cerró los ojos, apoyó su cabeza en él respaldo de su sillón, y quiso soñar despierta pensando  que  por un solo un  día había llegado a ser  una heroína.
Pero ignoraba la razón por la cual fue elegida para cumplir con esa misión. En unos segundos su cara se tornó pálida cómo la cera, sus ojos se encontraban tan cerrados que parecían dos cuencos vacíos, su cuerpo inerte parecía hacer esfuerzos para parecer que descansaba plácidamente  en su sillón favorito.
 Ella siempre quiso soñar, lo necesitaba, quería olvidar los desengaños que le dio la vida, por esa razón deseaba creer que siempre fue  feliz, olvidando  que ella fue la víctima de una cruel traición.
Mientras ajena a todo lo material su alma se regocijaba paseando por la habitación, no tenía prisas en marcharse, pues en su contemplación creía estar viendo  a un ser feliz, que a pesar de que todo fueron  engaños, no supo  que la llevaron  hacia una muerte que no se merecía.  







martes, 10 de abril de 2018

La pensión 2ª Parte

Ante esta observación parece aumentar su nerviosismo, entonces el que parecía más calmado y seguro de sí mismo  –dijo—sea cómo fuera esto, hay que hacerlo cuanto antes, en todo caso había que llamar a Francia para decir que parte de la mercancía que se transporta  es perecedera, por lo tanto debe tener prioridad en su entrega ante cualquier otra que  tenga previsto su llegada a Marsella. Uno de los hombres cambió de voz, parecía que se había tragado algo pues hacía que su voz fuera ronca y entrecortada, mientras el otro interlocutor, levanta el tono de voz para decir, creo que sería una locura llevarla a Francia, entre los dos se hizo un silencio, que se rompe cuando  uno de ellos dijo; pero tampoco podemos hacer lo de siempre, las pisadas de los hombres por la habitación parecían agitadas y al mismo tiempo  vacilantes, pues Anna, podía sentir desde el salón cómo vibraban las vidrieras antiguas y emplomadas  de la puerta.
El que parecía haberse tragado algo—dijo—alguien de la empresa de transporte puede sospechar de nosotros al ver que nos movemos mucho por allí, creo que debemos buscar una segunda alternativa, pero, ¿Cuál? Perdiendo por momentos la compostura ante el que creyó Anna era el compinche, lo mandó callar, aquella orden le pareció a Anna que resonó en aquella habitación como un trueno. Y con voz sumisa se atrevió decir, otra opción sería tirarla al río Manzanares, por ahora no se me ocurre otra cosa que sea más segura para nosotros, la mayor parte del río está canalizado y, seguro que tardarían unos días en encontrarlo, y esto sería añadir un factor favorable para nosotros, pues cómo el ambiente en estos momentos se encuentra un poco convulso, puede que los de la criminal quieran resolver cuanto antes este asunto alegando que ha sido el consabido ajuste de cuentas entre un narco y una prostituta deslenguada.
Anna no puede creer lo que estaba escuchando, mientras los hombres siguen inventando estrategias para salir airosos de aquel trance, en  unos minutos,  uno de ellos dijo convencido, no creo que lo de tirarla al río sea la solución más acertada, pero el de la voz atragantada insiste, creo que es la mejor alternativa, también tenemos que tener en cuenta, que en el caso que lo hiciéramos y encontrasen el cadáver, si esto sucediera antes de que pudiéramos   arreglar nuestra huida, si claro, y escabullirnos de lo que tenemos encima, que es un buen tufo,  aunque esto que estamos pensando puede ser  sólo  hipotético, porque, hay que pensar también que forzosamente tiene que haber una investigación.
Ante esta reflexión, entre los dos hubo un silencio que a Anna la puso aún más nerviosa.
¿Has pensado si esta descerebrada ha limpiado bien y no ha dejado ninguna huella que nos pueda identificar? Yo por mi parte, no la toqué, entonces no hay de qué preocuparse, yo tampoco, ni siquiera la rocé.
Entonces, -dijo-el de la voz atragantada, no tenemos otra solución que la de sacarla de España cuanto antes. Anna cada vez más asustada no se atreve ni a mover un dedo, pues estaba segura de que se trataba de una mujer que había sido asesinada. Una de las voces parecía lamentarse, cuando dijo, ahora como siempre nosotros tendremos que limpiar la mierda que sus caprichos de millonaria va dejando.
Minutos después aquellos hombres entran en el salón, no sabían que hubiera alguien en el salón y, miran a Anna con desconfianza, pero ella, seguía con las dos manos aferrada al asa de su maleta, mientras disimulaba estar con la mirada perdida  clavada en el televisor, los dos hombres se sientan frente a ella, parecían seguir una conversación ficticia, que no parecía ser coherente, pero sus caras parecían desprender satisfacción delante de ella, Anna sacó la conclusión de que ante el dilema que habían discutido se bastaban ellos solos para resolverlo, pues  parecía que ya habían decidido cómo deshacerse de aquel  problema.
Pero Anna de lo que estaba segura era de que permanecería el tiempo justo en aquella pensión hasta recuperar su carnet de identidad, una vez fuera ya buscaría la manera de analizar aquella conversación, que escucho desde el salón, más tarde podría aclarar con quien correspondiera lo que escuchó, toda su narración  estaba segura daría una pista a la policía en el caso de que hubiera alguna desaparición extraña…un grito se ahogó en su garganta, ¿y si la víctima era Rebeca? Y, ¿si era el cadáver que vio bajar por las escaleras?
En esos momentos la patrona interrumpe con su voz impertinente su elucubración, cuando  dice desde la puerta, que ya se encontraba su habitación disponible. Anna  sube las escaleras tirando de su trole, cuando de repente como una aparición, pudo ver en el fondo del pasillo la silueta de una mujer, vestida elegantemente con un traje largo de noche desentonando en aquel ambiente, que al verla le saluda con la mano haciendo resonar las múltiples pulseras doradas como campanillas, Anna, se inquieta al no  poder distinguir su rostro.
Aquella noche Anna presa de inquietud  no se acostó, se encontraba demasiado excitada,  sentada encima de la cama comenzó a  repasar  mentalmente  todo lo que había escuchado y ocurrido desde que había llegado a Madrid
 ¿Por qué el taxista hizo ese gesto extraño cuando ella le dio la dirección de aquella pensión?
Serían las cuatro de la madrugada cuando Anna en su desvelo oye unos pasos por el pasillo, parecían pasos vacilantes, de repente nota que se paran ante su puerta, Anna se queda sin respiración, poco después oye una voz que parecía venir de  detrás del tabique de la habitación contigua, que le dijo en susurros, no abras  la puerta bajo ningún concepto, no temas estamos cerca de ti.

 Anna entra en el lavabo, se lava la cara, quería estar segura de que todo era un sueño, de repente pudo oír el chirrido que hace el pomo de la puerta al ser girado, el pomo estaba cediendo pues giraba lenta muy lentamente hasta abrir la puerta.