viernes, 16 de febrero de 2018

Hallazgo. Final

  Por la mañana al despertar, nota la ausencia de su esposa, la llama con ansiedad, y en su búsqueda la encuentra sentada en el suelo del patio, que descubrieron el día anterior, ella   miraba  extasiada las flores de las macetas  que horas antes  se hallaban lozanas, en esos momentos lucían marchitas.
De la fuente, y de su caño de aguas claras que parecían  perpetuas, fluía un líquido carmesí, Jerónimo al acercarse a su mujer, la miró a los ojos y, vio cómo su espíritu salía de su cuerpo dejando una estela brillante.
Poco después cavó una fosa, dentro del más bello parterre del jardín y la depositó allí, mientras, murmuraba una letanía. La luna remolona aún asomaba por el horizonte avergonzada por sentirse responsable de haber propiciado aquel desenlace, sin apenas conseguirlo intentaba esconderse tras una nube, mientras ante su mermada claridad parecía   besar el jardín con cariño.
Los olivos y las encinas se diseminaron a su antojo al no tener motivos para la lucha, ante este milagro, Jerónimo no quiso despertar de aquella tenebrosa pesadilla y decidió irse con la luna antes de que se ocultara tras los rayos del sol.
Aquella casa desde ese momento comenzó a tener vida propia, mientras el hombre que les vendió la finca puntualmente y desde que  Casilda  y Jerónimo desaparecieron al atardecer  entraba en el jardín y regaba una maravillosa flor que había nacido de la nada, la fuente siguió con su chorro de agua clara.
Se había hecho realidad un sueño, nadie por los alrededores de aquella finca sabían de donde provenían los primeros dueños de la finca, solo se hacían conjeturas de que aquella casa solitaria era una casa que había sido erigida  a los difuntos, pero todos ignoraban cómo habían sido transportados hasta allí , este era un misterio que empujaba a no pasar a los vecinos  por esa linde, pero para Casilda y Jerónimo era imprescindible que la encontraran, esa oportunidad se la dio una tarde de verano que les surgió un eclipse de sol.
Aquella noche se pudo escuchar cómo  la montaña temblaba ante un Rong Rong, producido por el roce de tablillas. Poco después fue descubierta una pista de aterrizaje por uno de los satélites, pero cuando fueron a investigarla había desaparecido, una tormenta antes de que llegaran los investigadores lo arrasó todo. Aquél día hubo un eclipse solar completo, y en el inmenso azul celeste vieron como la luna empezó a meterse en el sol. Ante el apasionante fenómeno astronómico, estos científicos sólo recordarían que habían tenido la oportunidad única de ver cómo anochece en pleno día.
Fue magia, hechizo. Según la ciencia es la forma que tiene la tierra  de ocultar lo que no puede salir a la luz.

Nunca intentéis descifrar los enigmas, pueden ser peligrosos, lo oculto debe seguir estándolo hasta que le llegue el momento de emerger, entonces cuando esto suceda, estad preparados, puede ser que el cambie para todos.








martes, 6 de febrero de 2018

El Hallazgo Primera parte



No tenía dudas, en cuanto  vio aquella casa que se encontraba medio derruida donde la entrada majestuosa mantenía intactos tres arcos de medio punto, Casilda se sube a un pequeño montículo, y entonces ve que  lo que quedaba de su cubierta mostraba el barro oscuro de sus tejas árabes, la fachada se encontraba flanqueada por dos palmeras que se encontraban a punto de secarse.
Casilda se dirigió a Jerónimo, su esposo, y le dijo: esta casa es todo lo que siempre quise, ella encierra  definida mis ilusiones, por lo tanto, está decidido, será nuestro refugio definitivo, dijo contundente. Aquí quiero que vivamos para que podamos proyectar todos nuestros sueños que solo sabemos tu y yo  que vienen de un pasado lejano sin futuro.
Y, miró de nuevo aquellas ruinas que se encontraba escondida entre la maleza y, que habían descubierto fortuitamente cuando paseaban por una estrecha calleja rural que bordeaba la sierra.
A Casilda le pareció que la casa era majestuosa aún a pesar  de encontrarse  en no muy bien estado de conservación debido al abandono, como sucede en muchas casa de campo, pero desde que la vio sumergida entre la maraña de hojas secas y raíces, creyó que era especial.
Los dos decididos  comenzaron a indagar por el entorno sobre quién podía ser el propietario. Enseguida  encontraron a un hombre que acodado en la barra de una pequeña cantina  cercana a la carretera.
Era un hombre de aspecto descuidado pero de refinados modales, su mirada profunda delataba su tristeza.
No hizo falta mucha negociación, el hombre aceptó el precio de venta que Casilda y su esposo le ofrecieron y, sin más dilación, compraron la pequeña dehesa de cincuenta hectáreas.
El terreno tenía suficiente espacio para albergar unas cuantas encinas y otros tantos olivos. También poseía un pequeño jardín que aunque se encontraba muy deteriorado  parecía ofrecer muchas posibilidades de reconstrucción.
Casilda, inmediatamente pensó en darle un aire silvestre que no perdiera ese toque rural que le sumaría aún más atractivo.
La casa se rehabilitó con muchas prisas a pesar de conllevar una laboriosa restauración fiel a su arquitectura.
Una vez instalados, una tarde al entrar en la casa después de dar un largo paseo por la sierra, a Casilda le dio al entrar la sensación  que el zaguán y al caminar se alargaba demasiado y, que el techo de bóveda de cañón encalado, parecía perderse hasta llegar a una nueva y desconocida  puerta ojival, la abre, y ante ella había un amplio patio que había estado oculto a sus ojos, se encontraba ornamentado  con numerosas  macetas dispuestas en fila encima de un murete de piedra.
 Plantas de romero y la banda se mezclaban con las hortensias y azaleas, creando un ambiente tan aromático  cómo salvaje. En el centro, una vieja fuente de piedra emitía un relajante murmullo. Este lugar no parecía pertenecer a la casa, pues sin lugar a dudas no había sido restaurado al ignorar que existiera. Pes la casa después de la restauración quedó agradable según Casilda la decoración encajaba con lo que ella creía pensaba era la comodidad, dejó en el mismo lugar algunos muebles que allí se encontraron que dispuso fueran restaurados que a Casilda le pareció que los habían limpiado con acierto.
Aquella tarde, y después de haber supervisado el más mínimo detalle de la casa, decide quedarse a dormir en ella por primera vez, poco después se retira, era  temprano, el sol entraba por las ventanas cómo haces de luz, pero Casilda necesitaba  descansar, se encontraba agotada por las emociones  recibidas en la casa de sus sueños.
 Mientras Jerónimo conduce sus pasos hacia la pequeña biblioteca repleta de libros de sus autores preferidos.
Llegó la noche y la luna, esparcía destellos luminosos  como un foco de plató, alumbrando el campo, haciendo de los olivos y encinas enfiladas  una centuria dispuesta para la lucha. Un ruido extraño hace levantar la cabeza a Jerónimo, confuso, se acerca a la puerta, entonces vio una sombra alargada que dejaba el pasillo que  entraba en la alcoba de invitados.
Tras la excitación de la sorpresa  le invade una rara pero suave calma, cierra el libro, y decide acostarse. Poco después le rinde el sueño y queda profundamente dormido.



lunes, 29 de enero de 2018

Detctive Final

santuario de perfección y belleza. El administrador, mientras manipula el cuadro, se afloja la bufanda que parecía asfixiarlo
La incomodidad por la postura que había tenido que adoptar bajo la mesa, le hizo sentir un tirón en uno de los músculos de una de las piernas, haciendo que al chocar el pie con la madera, ésta crujiera. Ninguno de los dos hombres oyó aquel ruido al encontrarse abstraídos en comprobar si seguían allí aquellos lienzos que, desde hacía cinco meses estaban haciendo el cambiazo y, que, estaba previsto vender en el mercado negro. Con tan sólo una ojeada, el administrador, supo, que todo se encontraba un perfecto orden: Tras aquel horrible cuadro se escondía, el verdadero arte.
Salen los dos hombres de aquel despacho, el administrador, habla algo entre dientes, el guarda jurado, le sigue sumiso. Víctor, no pudo oír lo que le dijo, pero sí estaba seguro de que después de estar allí tenía que averiguar lo que aquellos dos hombres se llevaban entre manos. Cinco minutos después, sale del escondite; de nuevo se oyen pasos que parecían acercarse al despacho, no tiene tiempo de volver a meterse bajo la mesa, en la penumbra, descubre en una esquina una columna de mármol que sostiene un busto de Napoleón; se pega a la pared para poder ponerse tras ella, allí estuvo escondido casi sin respiración esperando que aquellos pasos no entraran en aquel despacho.
En la espera angustiada, nota que algo se desliza por su cabeza, para segundos después, pararse en su cuello, se distrae unos segundos, no dándose cuenta, que los pasos que antes había escuchado, ya estaban dentro del despacho; por lo tanto tenía que seguir inmóvil escondido tras la columna; no podía quedarse a descubierto; Víctor se había comprometido a sí, mismo, y desde ese mismo instante, desenmascarar lo que estaba pasando en aquel palacio. Poco después, de nuevo entra el administrador, esta vez estaba sólo, en sus manos, llevaba un cilindro ó rulo de papel que parecía un manuscrito; abre uno de los cajones de la mesa de despacho que se encontraba cerrado con llave, y deposita allí aquel rollo de papel, ignorando, que dentro de aquel cilindro, había  otro más pequeño que cayó al suelo.
Víctor cuando estaba a puto de dar un brinco al notar en su cuello, que, el bicho, que le andaba por la cabeza  tenía más de dos patas, entonces creyó  que se trataba de una  araña de esas que suelen estar entre los cajones de madera donde se guardan los lienzos que nunca fueron revisados por los expertos y esperan encerrados que les llegue su momento de gloria. De pronto suena el teléfono, el administrador, lo descuelga para volver a colgar sin decir una sola palabra. Cuando, el administrador se acerca a la puerta para salir, aparece otro hombre, que lo empuja hacia dentro, una vez los dos dentro, el que fue el último en llegar, echa una mirada circular por aquel despacho, de repente, Víctor expectante por no saber qué es lo que van a hacer aquellos hombres,  pues ninguno de los dos intentó pulsar el interruptor de la luz, pero, encienden una linterna, que daba poca  luz, pero sus siluetas reflejadas por la claridad que entraba del salón,  les delataban, pues el detective pudo apreciar cómo los dos hombres se miraban cara, a cara, entre los dos parecía haber un odio que, traspasaba los límites de la oscuridad. En unos segundos, Víctor, dejó de percibir la silueta del administrador, aquella linterna se apagó, seguidamente pudo oír, un golpe seco, que, le hace sospechar, lo que allí estaba pasando.
El hombre, sale del despacho arrastrando el cuerpo inerte del administrador, en aquel silencio, aparece un tercer hombre, entonces, pudo oír el chirrido de una cadena deslizarse por una polea. Sale del escondrijo, y ve por la rendija de la puerta, como aquella vitrina que le había parecido sospechosa y, que pendía del techo, pudo contemplar, cómo bajaba para ser abierta, y que aquel hombre con la pericia de un forzudo, dobla el cuerpo del que parecía ser un cadáver como si se tratara de un pelele, para meterlo sin dificultad dentro de aquella vitrina; de nuevo se dejó oír el ruido de la cadena que era  izada de nuevo, para volver a ser colocada en su sitio.
De nuevo Víctor vuelve a su escondite, uno de ellos desaparece en la oscuridad, el que parecía el ganado  en aquella contienda se queda; saca de debajo de su gabán un cilindro, y abriendo el cajón con una ganzúa, hace el cambio, llevándose el que se encontraba metido en el cajón. Víctor nunca se creyó un cobarde, pero supo que, estaba metido en algo que en su contrato, le habían ocultado. Mientras ve impotente como el hombre sale del despacho con total impunidad, con el cilindro bajo el brazo. Aquel hombre no se dejo ver la cara, pero su figura a Víctor le pareció familiar. Espera el momento oportuno para salir de allí, ya se empezaba a notar movimiento en aquel palacio, Víctor decide serenarse, no podía perder la calma, tenía que pensar en la manera de salir de allí sin ser sospechoso, en aquella terrible espera cree volverse loco, ¿ Qué es lo que estaba pasando allí?. Aquel despacho, en un momento le pareció, el andén de una estación de metro, donde entra y sale mucha gente. De nuevo entra el guarda jurado, abre el cuadro de nuevo, coge, lo que parecía un lienzo enrollado;  lo extiende cuidadosamente, encima de la mesa para meterlo en un tubo que parecía de plástico. Sale tranquilamente del despacho con aquel tubo bajo el brazo. Víctor, tenía que salir de allí cuanto antes, ya se oían los susurros de las mujeres de la limpieza que empezaban su tarea diaria, sale del despacho antes que una de ellas entre a limpiarlo, cuando baja las escaleras saluda a una de las mujeres que limpiaba la alfombra, la saluda, y tranquilamente se dirige a la puerta de salida.
Cuando Víctor llega a su modesto despacho, mira con orgullo la placa de bronce que rezaba Detective Privado. Suena el teléfono, al otro lado una voz cálida; le dice, has conseguido hacer bien mi encargo…El movimiento del reloj que pende de la pared, de aquel humilde despacho, parecía haber sido manipulado, pues le pareció a Victor que estaba falseando la hora; y metiendo la mano en el pantalón, saca aquel papel que por descuido del administrador había caído al suelo. Una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro, mientras decía para sí, nunca pensaste que con un detective es difícil jugar al juego de las mentiras; se sienta en su sillón y balancea una de sus piernas indolente, que había puesto en el apoyabrazos, sabía que había descubierto algo,  aunque la silueta de aquel “hombre” llevara con gran elegancia, un sombrero de campana, sin saber que en un descuido había dejado  asomar levemente su melena morena y brillante; menospreciando su sagacidad como detective, pero, sonríe al pensar que ella ignoraba que, la tenía  en sus manos, pues, aquella cinta del sombrero, que él creyó en la oscuridad, que era una de esas cintas que cierran los papiros,  fortuitamente había caído al suelo justo al lado del  cilindro, que, poco después él recogió .  Aunque para él, supo poco después de que aquella cinta  era mucho más importante, pues con ella tenía en sus manos la prueba de quien era el instigador de aquellos robos.
Aquella mujer que lo había contratado, quizás quiso que él fuera testigo de aquella pantomima; por la voz parecía tranquila, porque desconocía que aquel “pobre” detective la tenía en sus manos.







martes, 16 de enero de 2018

Detective

Víctor  hacía más de un mes que recorría la Piazza de Navona y la Piazza de Venecia en Roma: Desde fuera, cada día estudiaba la estructura de uno de los palacios que configuraban la plaza, poniendo especial atención en el llamado Capitolino, este es un palacio barroco, que era poco visitado por los turistas a pesar de estar declarado cómo museo.
Este palacio, se encontraba situado en la Vía del Corso, el cual había pertenecido aún príncipe del siglo XVII, cuyos descendientes y, aún de los años transcurridos se encontraban en un interminable litigio con el gobierno por la potestad y explotación de las obras de arte que allí se atesoraban y, que habían pertenecido a sus antepasados.
Víctor, había entrado en aquél palacio por un agujero inmundo,  después de haber recorrido parte del subsuelo  de la ciudad por malolientes alcantarillas y, hacerle dudar ante los peligros que tenía el tener que  atravesar recodos traicioneros que  esconden fosas  insondables. Víctor  llegó a la hora que había previsto. Estaba empezando a anochecer cuando el palacio se encontraba desierto. Después de haber escondido en el sótano la ropa que había usado en su recorrido; se pone un mono negro, minutos después llega  al punto exacto, donde estaba previsto que tenía que encontrar las instrucciones a seguir.
Aún no había recobrado el dominio de sus nervios, pero a pesar de todos sus temores, ya se encontraba dentro de aquel palacio. Después de subir las escalinatas que conducen al piso principal; intenta situarse, se encontraba desorientado, las luces de emergencia  no daban para mucho, pero ese detalle ya lo había previsto; no era el momento de flaquear, tenía que mantenerse lúcido y con grandes dosis de astucia, hasta que sus ojos fueran adaptándose a la escasa luz. Ahora, tenía que confiar sin ninguna duda y plenamente en el plano que previamente había confeccionado después de ojear archivos clandestinamente haciendo algún que otro soborno a los funcionarios que eran mal pagados.
El palacio como todos los del siglo XVII era complicado en lo a arquitectura se refiere. Una vez dentro, sigue fielmente las instrucciones del plano, que lee alumbrado con una diminuta linterna pero enormemente eficaz. Se introduce en un salón que le hizo pensar que era de grandes dimensiones, y  que, se,  encontraba en el sitio adecuado  de lo que estaba buscando. Sus ojos, al poco tiempo de encontrarse allí, se adaptaron a la poca luz que desprendían unos pequeños ojos rojizos que salpicaban caprichosamente el techo.
De repente, encontró en la oscuridad y a la luz de su linterna, surgidos como de un mundo de tinieblas, aparece ante él, un hermoso sueño, la incredulidad le hizo dudar, no podía alejarse de su cometido por aquella belleza que tenía ante él,  aunque las paredes de ese inmenso salón, se encontrara tapizado de cuadros con maravillosas pinturas;  ilumina con su linterna, el entorno; el primer cuadro que tiene ante sus ojos, estaba firmado por Haus Memling, entusiasmado, sigue alumbrando con su linterna, allí también había cuadros de Tiziano, Rubens, Tintoretto, Caravaggio; Víctor tiene que coger aire, sus pulmones, se encontraban escasos de oxígeno por la emoción, ahora empezaba a comprender el encargo que le habían hecho no debía dejarse enredar, su misión era otra, aunque tampoco cuando le hicieron el encargo  le dijeron con exactitud qué era lo que en realidad tenía que investigar aunque ahora parecía que todo empezaba a encajar. Ante él se encontraba los más grandes maestros de la pintura de todos los tiempos. Aquel palacio, guardaba un gran tesoro.
Víctor, empieza a darse cuenta de lo arriesgado que empezaba a ser todo aquello; recorre la vista tras su linterna, y encuentra una puerta, a su lado un armario de acero, que estaba previsto estuviera, Víctor deduce que esa era la puerta por donde tenía que entrar. Era la entrada al despacho del administrador y cuidador de todo el palacio; antes de entrar echó una mirada de desconfianza hacia una vitrina que colgaba del techo, esa vitrina, no estaba recogida  en su plano cuando le dieron el encargo; reacciona, no podía perder ni un segundo en cavilaciones, ya pensaría más tarde lo que tenía que hacer al respecto. La noche, le estaba pareciendo mucho más corta que de costumbre; no obstante, mira de nuevo hacia el techo, aquel nuevo elemento que había aparecido colgado; llegó a ponerlo nervioso, y si era…entonces tuvo el impulso de encaramarse al armario de acero para poder ver de cerca de qué se trataba y qué función desempeñaba  aquella inesperada vitrina. De repente empezó a sentir un miedo que no sabía cómo dominarlo.
Ya parecían asomarse los primeros albores del día, tenía que terminar su trabajo antes que los cristales de las vidrieras inundaran de color aquella sala. Por su olfato de detective, supo que se encontraba sólo, y eso le satisfizo. Sorpresivamente, le pareció que el trabajo le estaba resultando quizás demasiado fácil; entra en aquella habitación, que en su plano rezaba como el despacho del administrador, la puerta se encontraba entreabierta, dentro se mueve con mucha precaución, todo se mantenía en la más absoluta oscuridad. Cuando decide encender la linterna, se oye una alarma, esto hace que tenga que buscar un escondite a ciegas, palpando logra meterse bajo una mesa. Desde aquel ridículo escondite, ve entrar a un guarda jurado seguido por el que supuso podía ser el administrador, que por su aspecto desaliñado y su mal humor parecía le habían fastidiado algo de lo que estaba disfrutando, dedujo,  que, precisamente no venía de un sitio muy recomendable.
Desde su escondrijo, pudo oír para su sorpresa, cómo el administrador le decía al guarda con voz cascada ¿estás seguro que no ha entrado nadie aquí?, el hombre pareció encogerse, desapareciendo por unos instantes aquella apariencia de hombre duro ante aquella pregunta inesperada. El administrador, cada vez más contrariado, arremete contra el guarda jurado ¿sabías acaso, que aquí tú prioridad es mantener este despacho fuera de cualquier ojo que no sea el mío y, como si lo único que le importara fuera su despacho, en dos zancadas, se planta ante un cuadro que lo presidía, Víctor sorprendido pudo ver cuando el cuadro fue alumbrado por la linterna que, portaba el guarda y,  que, aquel cuadro, era una muy mala copia del retrato del Papa Inocencio X, una sonrisa casi le hace toser, al pensar que sí lo viera Velázquez seguro que le daba un soponcio.
El hombre pulsa un botón, el cuadro se abre cómo si fuera la hoja de un libro, Víctor, mira la pared, para su sorpresa allí no había nada parecido a  ninguna caja fuerte, estaba demasiado cerca y, entonces pudo ver con total claridad, que lo que allí se guardaba, eran lienzos que parecían estar pegados en el dorso de aquel cuadro, que, por cierto, de nuevo  le da la risa, ante la contemplación de aquella pintura esperpéntica, sobre todo por encontrarse en aquel 
 











miércoles, 3 de enero de 2018

Sahára Final

 ¿Estaría soñando?
Horas después, al recordar lo que creyó podía haberle sucedido, se encontró en su casa cacereña, en un impulso se dirige a la cocina, necesitaba beber algo fresco que le calmara la sed,  y entonces atónita siente cómo bajo sus pies parecía haber una capa de arena que crepitaba  a cada paso que daba.
Inmediatamente se dirigió a la alcoba, abrió armarios, buscó en los cajones de la cómoda, pero al no saber qué era lo que buscaba no encontró nada, excitada por ignorar de dónde le venía esa zozobra que de repente la dominó, baja al sótano donde Tifi solía pasar parte de sus ratos de ocio en hacer trabajos manuales, en barro, nunca solía bajar para no interrumpirlo, pero aquel día y al encontrarse ausente, bajó, rebusco como una posesa en todos los cajones donde supuso podía encontrar algo que implicara a su esposo.
¿Pero se había vuelto loca?
Sube las escaleras, avergonzada de haber dudado de su esposo.
Se sienta en su sillón de costumbre, entonces sus ojos se abrieron desorbitados, ante ella se encontraba la cortina, la que siempre estuvo allí, y que llevó su esposo después  de uno de sus  viajes, insinuándole que con aquella pieza de tela azul podía hacer unas cortinas para el salón, pues era su color preferido.
Anna así lo hizo, pero ahora, no sabía que pensar, aquella cortina había presenciado toda su vida, sin saber que en realidad que lo que tenía ante ella era lo que había sido la  vida de Tifi, que ella, por su ignorancia no supo interpretar.
Entonces recuerda, que no visitaron ninguna de las numerosas catedrales de adobe que proliferaban en aquella ciudad, por lo tanto, tampoco  visitaron la iglesia donde se encontraban los 333 Santos…

Ahora recuerda el por qué nada más conocerlo  le llamó Tifi , el motivo era muy sencillo, porque su nombre verdadero era muy  difícil de pronunciar y extraño para pasar desapercibido   tratándose de una capital de provincias.











sábado, 16 de diciembre de 2017

sahara

La verdad es que desde que Anna se jubiló, se encontraba tediosa, casi insoportable al no
conseguir adaptarse a la rutina de la casa, porque ella siempre estuvo trabajando en la administración, por lo cual tuvo que convivir mucho tiempo rodeada de compañeros en una oficina cara al público. Pero desde que se casó comenzó a soñar con hacer viajes para quitarse por unos días, ese agobio que sentía desde su casamiento, al tener que permanecer tantas horas en los quehaceres de su casa.
Aunque este tedio que  ella sentía,  no se lo aplicaba su esposo, porque cuando ella le comentaba que le parecía sobre la idea de realizar un viaje para romper la rutina, él le contestaba, (lo que tú digas cariño) Pero un día y bajo el imperioso mandato de Anna, (Fiti) como ella le llamaba en la intimidad, ante tanta presión aceptó realizar aquel viaje evitando con ello  una discusión, por lo tanto no molestó en preguntar cuál iba a ser el destino. Mientras tanto la vida de (Fiti) transcurría plácidamente cada mañana porque después de acicalarse, salía a la calle demostrando con ello su “jubilosa” jubilación al tener por costumbre sentarse cada día en la terraza del renovado café La Victoria y, que mientras charla y charla con sus amigos se tomaba el aperitivo regado con una fresca jarra de cerveza.
Que por supuesto al llegar a casa su apetito se encontraba mermado, diciéndole a Anna, por favor, no llenes el plato, estoy notando que el estómago me está dando la lata.
Anna airada y en silencio solía recoger la mesa, poco después se sentaba en el sofá, y se enfrascaba en la lectura, aquel libro, que no sabía cómo  terminar, después de haber leído casi la mitad, descubrió que era interesante pues le dio la idea de a dónde ir a romper esa rutina, pues disponían de un tiempo ilimitado, el libro en cuestión nombraba una ciudad al norte de África llamada Tombuctú, que supuso debía ser diferente a cualquier otro destino que eligiesen, pues  en el libro se hablaba de que era conocida por sus 333 santos…
Poco después y decidido el itinerario a seguir, Anna se dispuso a preparar la documentación necesaria, aún a pesar del desagrado de su esposo.
Un martes del mes de Mayo, con la documentación en regla se presenciaron en el Aeropuerto Madrid-Barajas- Adolfo Suarez, se embarcaron en una nave  de poca envergadura y menos seguridad, que los llevaba a Tombuctú, que según el folleto, fue fundada por los nómadas Tuaregs, Tifi, al pisar tierra africana, se le demudó el rostro, al  creer que estaban cometiendo un error con este viaje.
Mira,--le comenta Anna-- esta nota de sugerencias me la han dado en la agencia, él no hizo ademán de mirar, pero ella siguió erre, que, erre, es curioso aquí dice, que los tuaregs eran famosos  por sus ropajes azules, ante este comentario de Anna Tifi, se rasca la cabeza sin atreverse a hablar, simulando con ello que su entusiasmo bloqueaba cualquier respuesta que él pudiera darle, aquí también dice que el eje del Imperio Malí lo llevaban los Tuaregs; pues fíjate este tema parece interesante, me gustaría ver alguno de ellos por el desierto, Anna seguía y seguía hablando cómo si le hubieran dado cuerda.
ÓH, exclamó, que  programa más completo, creo que le caí bien a la de la agencia de viajes, aquí se dice que, Tombuctú, era llamada la (Atenas de África), entonces visiblemente emocionada le dijo tenemos que visitarla, porque aquí también se cuenta que atesora  los 30.000 manuscritos escritos en árabe y, otras lenguas antiguas africanas, todas ellas datan del siglo XIII.
Cuando llegaron al aeropuerto, Anna se quedó desilusionada al apreciar la estructura que detectaba  su estado de deterioro, que  podía ser la causa de que fuera desconocida en Europa, tal vez pensó Anna, estaba siendo infrautilizada  por sus gobernantes, guardando un importante patrimonio de las culturas africanas, al ser esta cultura exclusivamente oral. Los excusó Anna.
Una vez en el suelo, se encontraron con la inmensurable arena sahariana, al día siguiente de su llegada  se hallaban ante el legendario llamado -Fin del Mundo-Poco después los dos se encontraban a lomos de unos  camellos recibiendo el calor sofocante que desprende la arena ardiente.  
Anna comenta al camellero guía ¿Es cierta la historia que se cuenta de que éste era el paso de los legendarios hombres azules llamados también del desierto? El hombre la mira con escepticismo, poco después y como pensando la respuesta-le contesta—estos hombres a los que está aludiendo, eran y,-- tal vez sigan siéndolo—hombres valientes, tuaregs y  nómadas.
De pronto, ante los ojos atónito de Anna ve cómo el camello que montaba su esposo se desboca, pareció enloquecer, la carrera que emprendió era tan frenética que daba la sensación de ser guiada por una mano experta, cuando Anna reacciona su esposo había desaparecido de entre las dunas, el camillero, al ver a Anna nerviosa, mirándola sonríe y, sin más, siguieron  su camino hasta llegar a una Jaime, donde estaba previsto tenían que descansar y pasarla noche, Anna mira antes de entrar, era una tienda que estaba cubierta con la piel de cabra curtida, tintada con argila oscurecida la sostenía palos de leña de bambú, Anna mira a lo más alto y la cúpula de aquella jaima se encontraba cubierta de esteras, al entrar se sorprende al verla decorada con  preciosos tapices, sin percatarse de que allí le esperaba su esposo.
Anna al verlo sentado en la jaima tras una mesita de té, creyó que era un espejismo, pues tenía la sensación de que había sido raptado por algún ladrón del desierto; pasaron la noche allí, al día siguiente llegan al Delta del río Níger, el paisaje despertó la fantasía de Anna, aquel río guardaba mucha historia siendo abalado por haber tenido una de las paradas más significativas y principales de caravanas que transportaban mercancías como oro y sal, desde allí salían preparadas para atravesar el desierto, y todo bajo la tutela de los llamados hombres azules que con su historia hicieron de esta ruta una zona mágica.
Pero más tarde calló en desuso, convirtiéndose en una encrucijada de caminos intransitables para la seguridad desde que dejaron de proteger aquel territorio los tuaregs. Entonces todo aquel imperio se convirtió en un lugar perdido a causa de que  la ruta del desierto fue anulada para poner en vigencia la ruta  por el Mediterráneo.
Después de escuchar esta historia, por boca de una beduina que preparaba unas tortas para cenar, Anna creyó estar viviendo un espejismo, pues llegó a suponer, que aquello que había desaparecido y relegado al olvido se encontraba cubierto con la arena  del desierto. Pero Anna necesitaba ir a donde le dijeron se encontraban los manuscritos sagrados, pues estaba informada de que estaban escritos  en corteza de árbol, piel de cordero, y algunas en piel de gacela, tal vez—pensó Anna por ese motivo eran reverenciadas—también supo que estas joyas se encontraban en el norte de África, por lo tanto debían estar cerca de donde ellos se encontraban, estos importantes manuscritos, eran llamados Manuscritos de la Paz.
Ya había anochecido cuando llegan a la ciudad de Tombuctú, esta ciudad se hallaba guardada por una muralla gris  y misteriosa, su esposo y ella se encontraban caminando por calles estrechas, claustrofóbicas y tortuosas que se cruzaban y, se mezclaban, haciéndote dudar el camino correcto a seguir y poder salir indemne de aquel laberinto.
Anna, no se percató de que su esposo no se encontraba junto a ella al estar tan involucrada en aquella aventura que incluso en la decepción que le causó aquella ciudad donde esperaba encontrarse con algún que otro misterio, que le informaron podía encontrarse encerrado en cualquier recodo de cualquier calle, mientras tanto seguía ignorando que tras ella unos pasos amortiguados por la arena la seguían.
Cuando mira hacia tras, lo hizo sólo por comentar a “Tifi” qué le parecía todo aquello por donde estaban pasando, entonces descubrió que se encontraba sola, tan sólo dos hombres con la cabeza cubierta con turbantes y el rostro cubierto por un velo la miraban, entonces sin saber qué decir, se dirigió a los hombres, se excusa, ¿Dónde está mi esposo? los hombres haciendo un gesto y sin palabras le invitan a que les siga, se mira, no entendía nada, pues iba vestida con el Hyab tapándole cómo exigen las reglas de la indumentaria de la mujer en aquel país, entonces inmediatamente se da cuenta de que el velo no le cubría el pecho, inmediatamente subsanó el error, mientras los hombres insisten en que los siga, Anna inquieta se pregunta, no entendía nada, pues se había vestido de esas guisas para pasar desapercibida, lo mismo que su esposo, pero Anna ignoraba que sin pretenderlo se habían delatado y alertado a la policía precisamente por llevar esa vestimenta, al no lucirla correctamente, este detalle—pensó—que debió ser  el que  alimentó las sospechas de la policía militar.
¿Pero dónde se encontraba su esposo?
Desde ese mismo instante en que cruzaba aquellas calles laberínticas, calles, cómo auténticas encrucijadas escoltada por la policía, Anna comenzó a rodearse de problemas que creyó eran fantasmales, pues no podía dilucidar si lo que tenía ante sus ojos eran sombras o realidades, pues se movían constantemente a su alrededor.

Cuando Anna llegó al puesto policial, sin más fue metida en una celda lúgubre, oscura, para Anna hasta tenebrosa, nada más llegar preguntó por su esposo, pero no tuvo ninguna respuesta, pero a media noche creyó ver, o quizás soñó, que su esposo la miraba tras las rejas de la prisión vestido con un turbante azul, se remueve inquieta en el jergón de paja en el que se encontraba echada.





jueves, 7 de diciembre de 2017

Castillo de Naipes (2ª Parte)

¿Acaso estaba sufriendo alucinaciones?
Anna olvidándose de la visita que esperaba, se metió en la casa precipitadamente, cerró con llave ( Que nunca antes había hecho) y se dirigió a su alcoba, mientras subía las escaleras, iba mascullando, Señor, Señor, con los brazos cruzados sobre el pecho, era como si estuviera a punto  de enfrentarse a una ardua contienda, entonces y, por primera vez sintió miedo, nunca se percató de que necesitara luz, pero en esos momentos al ver cómo la luz de las velas oscilaban haciendo figuras dantescas en la desnuda pared, entonces la casa le pareció más fría y, angosta que nunca, entonces descubrió  que se encontraba perdida ante un mar de confusiones, pero no tenía otra opción que la de seguir adelante, ya no podía retroceder ni siquiera un paso.
Y en ese mismo momento intentó recomponer sin resultado, las piezas del puzle que en su mente no parecían encajar desde que descubrió aquel castillo
 ¿Por qué, antes le había pasado desapercibido?
Sin dudas algo se encontraba fuera de lugar, pues sabía que su mente se encontraba lúcida como siempre, pero si supo que ella sola no podría enfrentarse a algo que evidentemente había aparecido mágicamente.
Ante aquellas dudas sobre, qué era lo que estaba pasando, su cuerpo pareció flaquear, ya ni sus convicciones eran firmes cómo ella siempre creyó que lo eran.
Cuando entró en su alcoba y antes de llegar a la cama tuvo que apoyarse en la butaca que hacía de descalzadora, pues se encontraba desfallecida. Nunca sabría si aquella noche se acostó en su cama. Pero tampoco sabría si aquella noche lo que soñó  fue verdad, o un sueño lo que vio cuando se encontraba asomada al balcón, ni tampoco podía recordar  que miró con ansiedad desmedida la bruma que produce la tierra después de la lluvia, que no la dejaba ver con claridad cómo el campo empezó a iluminarse, entre las sombras pudo ver, luces intermitentes de fondo, mientras se hacía oír una letanía mortuoria que parecía formar parte de un   cortejo fúnebre.
Al día siguiente y, al alba, se encontró sentada como siempre ante el ventanuco, estaba desorientada, se levanta para buscar un catalejos que sabía tenía en alguna parte, al encontrarlo, otea la montaña con minuciosidad, era cierto allí se encontraba aquel castillo o fortaleza, entonces observa que alrededor del edificio había mucho movimiento, esta situación le asusta, algo estaba pasando, su finca ocupaba una parte importante de aquel valle, esto le hizo pensar de que ella también podía encontrarse en peligro.
Aquella noche,  tras el ventanuco estuvo de vigilia  continuada, pero no pasó nada; después del desayuno volvió a su puesto tras el ventanuco, entonces oyó rumores de voces mezcladas con el relincho de caballos ante la puerta de la finca, parecían estar fraguándose algo muy pero que muy peligroso para ella.
Sin pensar lo que hacía, salió de la casa, adelanta unos pasos hasta ponerse frente al que parecía ser el cabecilla de aquello que parecía una insurrección, pero al tener cerca a este personaje, tuvo una extraña impresión, sobre todo al escuchar el tono de su voz. De  pronto se sintió muy agotada, arrastrando los pies llegó hasta la casa, se sentó de nuevo ante aquel ventanuco, entonces,  perdió la noción del tiempo mientras le venía a la memoria una vieja leyenda que venía des tiempos olvidados, una mujer solitaria vivía en oculta en el campo, los árboles  eran tan verdes y gigantescos que en su interior guardaban incontables secretos del mundo, que la mujer solitaria dominaba. También se contaba que en estos campos solitarios y perdidos eran habitados por sociedades desconocidas  que se hallaban diseminadas bajo la eterna sombra verde de las copas de los árboles.
Anna parecía en su indolencia estar viviendo lo que su mente le estaba dictando que recordara, su cuerpo parecía estremecer cuando creyó que atravesaba un río donde sus aguas ardían perpetuamente desprendiendo un intenso vapor que quemaba. 
En unos instantes comenzó a removerse en la silla, tanto que estuvo a punto de caer al suelo, se encontraba (Según su subconsciente) en el centro de aquel río burbujeante, espantada presenció cómo los animales que caían en esa agua eran cocinados con tanta rapidez que sus cuerpos, con sólo acercarse para beber se cocinaban por dentro, sin duda pensó que era una muerte cruel; pero, por más que quiso, no lo fue posible reconocer  al culpable que había  perpetrado aquella horrible aberración, pues, estaba segura que era el jefe de aquella insurrección, por lo tanto, aún vivía, y se encontraba en su puerta, esperando que ella callera en sus garras.
De pronto un escalofrío le hizo despertar, inconscientemente mira con ansiedad por ventanuco, allí parado en  la vereda, se encontraba el siniestro personaje  junto con sus sicarios que  hicieron que ella se exiliase en aquel inhóspito paraje. Y entonces supo la razón del porqué había sido beneficiada en aquella heredad, había sido necesaria para que los  fines de aquel despiadado pudieran hacerse realidad, pero olvidó que después de aquel encierro que creyó era  voluntario y, que ella sufrió no era la mujer que todos creyeron podía ser, aquella soledad le hizo fuerte, y al recordar al hombre que capitaneaba aquel ejército, supo que su huida había terminado.   
Al despertar de aquel letargo, subió precipitadamente las escaleras, se dirigió al balcón, y abriéndolo de par en par, se asomó  y, con los brazos abiertos, le pidió al Altísimo, que le dejara entrar en ese mundo de paz, diferente, intangible al ojo humano, que, antes  se le había prometido.
Poco después la magia destructora de aquel entorno había desaparecido, no quedando nada ni de aquel castillo ni de la casa donde ella creyó había encontrado la paz, en su lugar quedaba una tierra rojiza por la sangre derramada de los inocentes, pues ese lugar había sido la guarida de unos seres que no debieron habitarla, seres, que nunca debieron salir de ese submundo, pues con su aparición malvada  sólo arrastraron maldad y desolación.
Pero aquel campo que creyó Anna  podía ser su salvación, era un campo que nadie podía dominarlo a su antojo, pues siempre fue hostil, para los que no cumplieron las leyes,  aunque ella lo viera bajo un prisma diferente, tampoco podía esperar nada, pues todo se le había dado por añadidura, pero la fuerza de la naturaleza, le hizo pagar con creces su individualidad.
Aquel campo desde entonces permanecería yermo, como siempre lo es, y fue el campo eterno. Todo   era como  advertencia  a los  que creen que con su poder, sea el poder que ostenten,  pueden hacer lo que les place, olvidan que aquí estamos solo de paso y, que si se desaprovechan el amor y la fraternidad, estos jamás encontraran  la barca que les cruce el río de aguas transparentes que los conduzcan a la luz eterna.
Poco después un grupo de arqueólogos  hizo una excavación, en aquella finca por motivos que ni ellos mismos supieron, después de una ardua inspección del terreno, descubrieron algo que fue un gran  hallazgo, en aquel paraje encontraron un sorprendente edificio subterráneo, allí  se encontraba enterrada una embarcación del año 3.800, A de C, Este hallazgo tenía una llamativa peculiaridad que guardaba gravados de más de un centenar de barcos egipcios, desde  donde se podía leer en sus epígrafes que eran los destinados a   emprender el largo viaje a la eternidad.
Poco después de que desapareciera todo junto con Anna, se desveló que un grupo de saqueadores, penetró en aquella finca, contaminando el entorno, no pudiendo encontrar huella alguna que pudiera esclarecer el por qué en aquella finca cacereña se había encontrado un barco faraónico sepultado y, en aquel terreno árido. Todo parecía encajar, aquellos seres no debieron salir nunca del submundo, pues allí en aquella aridez nunca hubieran podido   encontrar esos  ríos que son  imposibles de poder navegar.
Acaso Anna estaba encarnando a una de  las reinas egipcias. Y que fue capaz de hacer in nexo de comunicación con los vivos, y por esa razón le gustaba la soledad para que no fuera descubierto su misterio.
¿Tendría algo que ver en esta historia la reina HATSHEPSUT?
¿Tan sabios habían sido los egipcios?